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bombillas de bajo consumo

animados (mi mujer y yo) por la subida del recibo de la luz para este año, hace cosa de un mes hicimos un cálculo (“cuenta de la vieja”) de cómo afecta al consumo el cambio de las viejas bombillas de tungsteno por las modernas fluorescentes compactas o de “bajo consumo”; el resultado: un 25% del consumo de las normales, lo que en euros/kWh son bastantes dineritos al año

parece que no nos equivocamos al gastarme la pasta que cuestan las nuevas ya que justo estos días otros como el gobierno australiano o incluso esta misma semana la Unión Europea acordaba preparar acciones para obligar a sus ciudadanos a utilizar este tipo de iluminación (normal, hablamos también de la cuarta parte de la energía, por lo que a nuestra atmósfera le ahorraríamos 3/4 partes del CO2 emitido en la necesaria generación de esa energía; obviamente, sigue quedando mucha electricidad que generar (las bombillas no son lo único que alimentamos, ese PC todo el día conectado, lavadora, secadora, plancha, frigorífico, en fin… y porque yo tengo caldera de gas para calefacción y agua caliente en el piso en que vivo en Coruña, que si no…)

para intentar hacer de forma más seria el cálculo preparé una hoja de cálculo, en la que puse las bombillas que tenía en casa, una estimación del tiempo que permanecen encendidas cada día en horas y con ello los kWh que consumen en un año; luego tengo un par de columnas con la versión en bajo consumo que he instalado y los kWh consumidos

al precio oficial actual (tarifa 2.0.2 en 2007) el ahorro estimado es de 83€ y pico al año; teniendo en cuenta que eso es más o menos lo que pagamos por todas las bombillas y que además duran 3, 5, algunas 8 años! (miles de horas de luz en realidad), sale más que a cuenta

vamos, que salvar el planeta está muy bien y además, nos ahorramos una pasta

¿puntos débiles? sólo psicológicos: frente a la inmediatez y calidez de la luz por incandescencia, las bombillas de bajo consumo tardan unos 30 seg. en ofrecer la máxima luminosidad, e incluso algunas tardan más de un segundo en comenzar a dar luz; esto significa que la “sensación” los primeros días no es agradable: las que no se encienden de forma instantánea dan la impresión de que están fundidas (ok, sólo durante un segundo y pico) y en general, durante diez a veinte segundos la luz es mucho más pobre (¿triste? ¿tenebrosa?)… aunque esto puede ser una ventaja cuando, a las siete de la mañana, tienes que encender la luz para intentar alcanzar la ducha… al menos los ojos agradecen ese suave incremento de luminosidad, tan diferente a la ceguera que provocan las viejas (y en cinco años, desterradas y olvidadas) bombillas

mejor que nos vayamos acostumbrando…

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