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por qué voto en blanco

Este domingo volveré a votar en blanco.

Suelo votar a quien no gobierna; he votado a 3 partidos diferentes en los últimos quince años; eso es porque que NO CREO en los colores, sólo en las personas, sus ideas y sus actos. Como cuando el PP nos llevó a la guerra de Irak haciendo caso omiso del clamor popular, o antes cuando González nos tenía inmersos en la corrupción generalizada, sin hacer absolutamente nada.

Lo malo es que cuando voto en dirección contraria, me suelo arrepentir, como estos 4 años de tumbos e indecisiones en una y otra dirección; hoy comentaba con un compañero de trabajo cómo es posible que un Presidente del Gobierno no tome decisiones impopulares; todas son con una sonrisa y para complacer a alguien, o bien directamente PASA del problema, como si no existiera: la verdad, para eso no le dimos el poder. Ni para mentirnos ahora con que no hay recesión ni verdadera crisis… pero eso lo dejo para la siguiente entrada.

Conste que la oposición no me convence tampoco; la elección de Pizarro como mano derecha terminó de convencerme de que Rajoy no es un buen líder: no porque no quede bien en las fotos, no «conecte» con la gente, no lo veamos como representante de España en una cumbre, sino porque un buen líder se rodea de los mejores. Pizarro ha demostrado no estar a la altura en su primer enfrentamiento con alguien de la talla de Solbes (quizás el único salvable de un gobierno actual lleno de tiburones).

La defenestración de Gallardón es otro ejemplo: mandan los «barones», los viejos del lugar, como ocurría en el PSOE de González, donde esa «clase noble» impide cualquier intento de renovar e insuflar juventud en el partido. Esas decisiones (esos actos de las personas, porque eso de «la derecha» es una soberana gilipollez), me impiden votarles como hice una vez con un Aznar rodeado de gente inteligente como Rodrigo Rato (una de las normas del buen gestor es tener como colaboradores a gente más inteligente/trabajadora/capaz/… que tú).

Me he arrepentido también de votar al BNG en las elecciones locales, intentando castigar a un PSOE instalado en su poltrona y controlando todos los estamentos locales, incluso las asociaciones vecinales, a su antojo. Pero le quitamos la mayoría votando al bloque y éstos en lugar de priorizar, se dedican a «resolver cuestións da fala» como la maldita letra de «A / La» Coruña. Como si no hubiera problemas más importantes en la ciudad.

Por todo ello, mi voto es otra vez en blanco.

3 Comments

  1. Iván Iván

    Estoy de acuerdo contigo en prácticamente todo salvo en algunas pequeñas —mínimas— apreciaciones.

    Este gobierno sí que intentó tomar decisiones impopulares (acuérdate, por ejemplo, de los minipisos) pero, en cuanto se le empezaban a subir a la chepa, las dejaban aparcadas. No sé si sería por evitar lo que le pasó a Aznar con la guerra de Irak.

    En el PSOE también parece que vuelven los barones. Ahí tienes a Bono. Y luego tiene un montón de impresentables que no sé que hacen ahí: Caldera, Pepiño, Magdalena Álvarez (yo la quemaría por bruja), …

    Además de Solbes, yo salvaría también a Manuel Marín. Creo que ha sido el mejor presidente del congreso que he conocido. Eso sí, era demasiado bueno para tanto joputa por metro cuadrado.

    Del PP me revienta su doble juego. Por un lado se nota demasiado que los que mandan son los de siempre, pero durante la campaña electoral los esconden para que no se note mucho. Además, se quejan de todos los logros progresistas —cada día me gusta menos esta palabra por culpa de quienes se apoderan de ella— pero luego se aprovechan de ellos como todos (aborto, divorcio, …).

    Con lo de Pizarro metieron la pata hasta el fondo, de hecho han vuelto a traer a Rato al final de campaña (lo cual viene a demostrar que ellos mismos se han dado cuenta y que están ninguneando a Pizarro).

    Lo del BNG es de risa. La bajada de pantalones con lo de la Ministra de Fomento es para meterles de hostias y no parar.

    A pesar de todo, yo no voy a votar en blanco, no otra vez.

  2. Tienes razón con lo de Manuel Marín.

    Pizarro es otro favor devuelto, un gestor de primera línea que les ayudó a defender la quema de Endesa según los «parámetros políticos» de Zapatero (para los Catalanes, sí, para los alemanes no…)

  3. Lo que se necesita son hombres, no políticos, hombres íntegros y humildes que reconozcan que existe una ley superior a la Constitución y la decisión de una mayoría. El destino de un país no depende de cómo se vote en las elecciones, el peor hombre vale tanto como el mejor en este juego; no depende de la papeleta que introduzcas en las urnas, sino del hombre que echas de tu cuarto a la calle cada mañana.

    La consecuencia de todo esto es que si la mayoría vota al diablo para ser Dios, la minoría vivirá y se comportará de acuerdo con ello y obedecerá al candidato vencedor, confiando que un día u otro, tal vez por medio del voto de un parlamentario, puedan reinstaurar a Dios.

    El hecho al que se enfrenta el político es tan sólo que hay menos honor entre ladrones del que se supone, y no al hecho de que sean ladrones.

    Estos tres parrafos de Thoreau definen el panorama político y social de este país.

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